lunes, 18 de junio de 2012

Los niños soldado


 Habrán oído hablar estos días del último gran trending topic mundial generado en la Red, el vídeo Kony 2012 elaborado por la ONG estadounidense Invisible Children, que en poco más de un par de semanas, desde el 5 de marzo, ha sido visualizado cerca de 90 millones de veces en todo el mundo. El objetivo de la iniciativa, según Jason Russell, de 33 años, director de la iniciativa y protago-nista, junto con su hijo Gavin, del vídeo, es denunciar y poner-le cara al supuesto líder del Ejército de Resistencia del Señor (LRA); un ugandés de 50 años, de nombre Joseph Kony, que lleva más de veinte secuestrando a miles de niños en el centro de África para después utilizarlos como soldados (a los varones) y como esclavas sexuales (a las hembras) haciendo uso no sólo de la violencia, sino también de un chamanismo que mezcla hechizos, imágenes bíblicas, ideas del islam y ri-tuales de magia negra. 
Independientemente de que el video pueda resultar impreciso, predecible y esencia-lista, de que se pueda inferir un posible ánimo de lucro por parte de esta organi-zación asentada en San Diego, e incluso criticar el excesivo protagonismo de Russell en el montaje cinematográfico (estos días pasados incluso ha tenido ciertos comportamientos psicóticos debido, dicen, a su repentina repercusión interna-cional), lo cierto es que las violaciones, secuestros, mutila-ciones y asesinatos perpetrados contra menores en ciertas zonas de África, Asia y Sudamérica, es algo a lo que nunca deber-íamos acostumbrar-nos y sí, por el con-trario, denunciar hasta perder la voz. Sólo en África, cientos de miles de niños de Somalia, Liberia, Ruanda, Sudán del Sur, Congo o la Re-pública Centroafrica-na, temen no desper-tarse al día siguiente o, lo que es peor, pre-fieren morir antes que verse forzados a matar a sus propios padres y hermanos si deciden no colaborar con esos criminales denominados "señores de la guerra".
Las vejaciones y rap-tos de menores para usos ilícitos, trabajos forzados, guerras ci-viles, interétnicas, o por el control de la tierra y sus riquezas, lleva años siendo de-nunciado por perio-distas y estudiosos, sin que por ello esa desgracia diaria para la vida de tantos niños haya sido resuelta. La Corte Penal Internacional (CPI) lanzó en 2005 una orden de detención contra Kony y otros criminales, pero su reclamo no ha tenido el éxito deseado. Sí es cierto, sin embargo, que el pasado 14 de marzo el CPI de La Haya, en su primer fallo (por fin) declaró culpable de crímenes de guerra y recluta-miento de niños sol-dado a Thomas Lu-banga, exlíder de la Unión de Patriotas Congoleños (UPC). Pero ni esto, ni los informes de Human Rights Watch parecen ser suficientes para erradicar esta triste y fatídica lacra. 



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