jueves, 30 de agosto de 2012

Migración ilegal Africana a España y Europa


 Aunque no se consideran a sí mismas como región de inmigración, las naciones europeas se han convertido gradualmente en hogar para un número sustancial y creciente de extranjeros.


En número de casi 16 millones, la población extranjera representaba a principios de 1991 un cuatro por ciento largo de la población de la Comunidad Europea (CE). Como muestra la Tabla 6, la cifra más elevada de no nacionales —alrededor de un tercio— correspondía a ciudadanos de otros Estados comunitarios (los ciudadanos de un país de la CE tienen derecho a residir y permiso para trabajar en cual- quier otro país miembro). Los ciudadanos turcos constituían un 14 por ciento de no nacionales: Turquía es el país que más inmigrantes aporta. Los ciudadanos de Marruecos, Argelia y Túnez representaban alrededor de un 12 por ciento del total.

La tendencia es hacia el incremento en la proporción de ciudadanos de países no comunitarios y menos desarrollados. No se espera que la migración interna en la CE aumente de modo apreciable, a pesar de las diferencias de nivel de vida existentes entre algunos países comunitarios, y las presiones migratorias exteriores a Europa occidental están aumentando fuertemente. Además, Europa es receptora de un número cada vez mayor de solicitantes de asilo y cuenta con una creciente población de inmigrantes ilegales que hoy asciende a unos 2,7 millones, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Algunos países, como Italia, albergan mayor número de residentes no comunitarios ilegales que de legales.
Estos son fenómenos nuevos para los europeos. Han generado un debate sobre la inmigración que es una reacción tanto a los cambios que la inmigración ya ha originado como a la perspectiva de próximas afluencias. Los que han llegado y los que siguen llegando son vistos por muchos ciudadanos como emisarios de lejanas culturas con valores sociales marcadamente diferentes, incompatibles con la sociedad europea. Esta respuesta plantea una paradoja, porque Europa tiene de sí misma la imagen de unas sociedades abiertas y liberales.

Los extranjeros de países no comunitarios están concentrados en Francia y Alemania, los dos países que han reclutado más activamente mano de obra extranjera a través de programas que se consideraron en su día medidas transitorias sobre el mercado laboral. Ambos países, que reúnen algo más de un tercio de la población de la CE, acogen a dos tercios de la población extranjera no comunitaria. Los inmigrantes islámicos cons- tituyen cerca de un tercio de sus respectivas poblaciones extranjeras y se considera que son los que plantean mayores dilemas en lo que a temas de integración se refiere.






Francia, con una población extranjera del 7,3 por ciento, es el país de la CE que cuenta con mayor número de nacidos en el exterior. Esta tendencia se ha mantenido bastante constante desde principios de los años 70. El 38 por ciento procede de países comunitarios, porcentaje que disminuyó durante la última década a medida que aumentaba el correspondiente a los países del Magreb, África subsahariana, Turquía y Asia. Los residentes extranjeros en Alemania representan el 7,2 por ciento de su población. Este porcentaje incluye a residentes de nacionalidad no alemana y a sus hijos nacidos en Alemania, que conservan la nacionalidad de los padres y son contabilizados como extranjeros. No incluye a los inmigrantes de origen alemán procedentes de Europa del Este y la ex Unión Soviética, que pueden reclamar la ciudadanía alemana por ley. Estas cifras colocan a las dos naciones en una posición alta dentro de la clasificación mundial de países de inmigración y han dado pie a la observación de que los extranjeros constituyen hoy día el 13" Estado miembro de la CE.

Trasfondo histórico

Los modelos europeos actuales de inmigración son el resultado de la combinación de las políticas de posguerra y las recientes tendencias mundiales. Durante los años 50 y 60, la reconstrucción y la expansión económica hicieron que los emigrantes se trasladaran desde países atrasados a las áreas de gran desarrollo económico. Los trabajadores procedían del sur de Europa, Yugoeslavia, Turc]uía y los países del Magreb, atraídos por políticas de reclutamiento organizado mediante programas de contratación de mano de obra extranjera (guestworker programs).


En 1973-74, al aminorar la expansión de la posguerra, el reclutamiento de mano de obra extranjera procedente de países no comunitarios se detuvo. Las administraciones dejaron de cantar los beneficios de una flexible mano de obra extranjera. Cuando los precios del petróleo empezaron a subir, el desempleo en aumento envió a casi tres millones de emigrantes a casa. Sin embargo, muchos de ellos ya se habían instalado con sus familias en Europa occidental, y la tendencia a quedarse se intensificó al cesar el reclutamiento organizado.


Desde el fin de los programas de mano de obra extranjera, los Gobiernos han declarado que Europa está "cerrada" a la inmigración procedente del exterior. No obstante, un número creciente de recién llegados ha seguido entrado gradual- mente en los países europeos valiéndose de programas que autorizan la unificación familiar para los antiguos trabajadores extranjeros y otros residentes.

Por otra parte, aunque los países del norte de Europa han recibido mano de obra de sus vecinos más pobres del Sur, todos los miembros de la CE (excepto Irlanda) se han convertido ahora en Estados receptores de inmigrantes. Italia, España y Portugal han sido beneficiarías de los cambios que las han transformado de naciones de emigración a naciones de inmigración en el breve intervalo de 20 a 30 años. Sin lugar a dudas, aunque sin desearlo, Europa se ha convertido en una región de inmigración.

Presiones Sur-Norte

Más antiguas y arraigadas que las presiones migratorias del Este son las que proceden del Sur. Para Europa, la presión migratoria Sur-Norte proviene fundamentalmente de las naciones de la cuenca mediterránea, aunque hay también flujos regulares procedentes de países más distantes, como Irán, Sri Lanka y Filipinas.
África presenta el cuadro más terrible. Su población —hoy día la que crece con mayor rapidez de todo el mundo— pasará de 642 millones en 1990 a casi 1,6 billones en el 2025. Al mismo tiempo, las tasas de fertilidad en el norte de Á frica están declinando, aproximándose a las europeas, y el África subsahariana alcanzará su máxima tasa de natalidad al final del siglo, iniciando un descenso a continuación.

Subproducto del colonialismo, la emigración internacional es una tradición fuertemente arraigada en muchos países del continente africano, especialmente la emigración con fines educativos. Siempre ha habido quienes después de marchar a Europa y otras partes no volvían, pero la tendencia actual es que salga un número creciente de los más preparados. De 1960 a 1975, emigraron africanos de alto nivel de instrucción a un ritmo de 1.800 por año. Es decir, que los beneficios de las inversiones educativas en recursos humanos hechas por los países pobres los están obteniendo los países desarrollados, donde pasa los años productivos de sus vidas un creciente número de los que han recibido educación.

Los países del Magreb son la principal fuente de africanos que van a Europa. La motivación es fundamentalmente económica. Algunos entran legalmente a través de las políticas de unificación familiar. Muchos más llegan y engrosan la población clandestina. De los 223.000 emigrantes ilegales que se registraron para beneficiarse del programa italiano de amnistía de 1990, la mayoría eran del norte de África y de Asia. Se estima que una elevada proporción de la población de inmigrantes ilegales de Europa procede de África. A la larga, el tamaño de la población ilegal en Europa parece tender a incrementarse más deprisa que otras categorías de emigrantes. Un número cada vez mayor procede del África subsahariana y utiliza los países del Magreb como vía de acceso a Europa.

Más problemáticas que su número son, quizá, las características de los propios emigrantes. Debido a la gran diferencia racial y religiosa de los países de la cuenca mediterránea con respecto a Europa, la migración Sur-Norte hace más patente la inmigración y sus implicaciones para las sociedades europeas. Como resultado están surgiendo graves problemas sociales, y la violencia contra los emigrantes se ha dirigido desproporcionadamente contra los que proceden de las naciones menos desarrolladas.

La crisis en el mundo menos desarrollado es cada vez más profunda y exige mayor atención. Europa no tiene otra elección que comprometerse en el esfuerzo de reducir las grandes diferencias económicas con las sociedades del área mediterránea. Es probable que esta ayuda adopte la forma de una cooperación económica más estrecha, en lugar de la estrategia más amplia de integración económica que está aplicándose en las zonas donde existen presiones Este-Oeste. Tanto Tur- quía como Marruecos han solicitado la integración en la Comunidad Europea, aunque Marruecos ha pospuesto actualmente su petición. Se considera que tales solicitudes tienen muchas menos posibilidades que las que en su día harán países como Hungría, Polonia y la República Checa.

No obstante, un compromiso activo para combatir las causas de la migración Sur-Norte requeriría una política mediterránea renovada y de mayor alcance que el actual Convenio de Lomé, que se aplica a los Estados de África, Caribe y el Pacífico, mucho más lejanos que el norte de África. La asociación formal con las naciones del Magreb debería rebajar las barreras comerciales comunitarias, facilitar el acceso a créditos de apoyo para equilibrar la balanza de pagos, y promover Otras medidas similares. Deberían establecerse áreas económicas especiales —como ya se ha realizado con éxito en Túnez— según el modelo de desarrollo ensayado en la costa china.

Un acuerdo de asociación CE-Magreb comenzaría, con toda probabilidad, por Marruecos. Francia y España deberían asumir el liderazgo comunitario en los esfuerzos para establecer acuerdos de asociación con otras naciones norteafricanas. España ha firmado con Marruecos un acuerdo de readmisión que está funcionando satisfactoriamente. Marruecos ha tomado también medidas para prevenir la inmigración ilegal a la CE .Turquía es otro país candidato evidente, con el que Alemania desempeñaría el papel principal.
Hay tres grandes fronteras migratorias en el mundo: el río Grande, entre los Estados Unidos e Iberoamérica; el Oder-Neisse, que divide Europa occidental y Europa oriental; y el Mediterráneo, que separa a Europa de África y Oriente Medio. El Mediterráneo podría dejar de serlo a largo plazo. Con enérgicos esfuerzos de desarrollo, el Magreb, Egipto y Turquía podrían prosperar con relativa rapidez. La línea divisoria pasaría entonces a ser el Sahara. 

Las estrategias económicas globales de Europa y Estados Unidos, aunque por razones más generales, probablemente conducirán a la creación de zonas más prósperas al otro lado de estas tres grandes fronteras, zonas que absorberían hasta cierto punto las presiones migratorias procedentes de áreas más lejanas. Así, México podría ser una zona de este tipo para el resto de Norteamérica; y Polonia, la República Checa, Hungría, el Magreb y Turquía, para Europa occidental.

De esta forma, las áreas de extrema pobreza se alejarían de las naciones industriales avanzadas. Probablemente esto es lo que lleva ocurriendo en Europa occidental durante los últimos 25 años. La integración económica europea ha tenido éxito en la elevación de los niveles de vida en Portugal, España, el sur de Italia y Grecia, por lo que las presiones migratorias ya no provienen de países vecinos dentro de la Europa occidental, sino de lugares más distantes. Esto incrementa la posibilidad de conseguir, con el tiempo, una regulación más efectiva de los flujos migratorios.



Análisis regional en África del Oeste

Para analizar la región, lo mejor es comenzar por enumerar una serie de indicadores del África
Subsahariana que nos van a dar un marco de referencia general en el que nos moveremos. Así,
son:
• 46 países.
• 767 millones de personas
• Ocupando los últimos lugares del Índice de Desarrollo Humano (IDH) 20083.
• 148 de cada 1.000 nacidos vivos no cumplen 5 años4.
• 45% de la población, sin acceso a agua potable. Datos 20045.
• 63% de la población, sin acceso a saneamiento básico. Datos 20046.
• 32% de la población, con malnutrición. Años 2000/20047.
• 5% de tasa de prevalencia media en VIH/sida entre jóvenes de 15 a 24 años.
• 38% de población adulta (de 15 años y mayores) no alfabetizada. Datos 2000-20078.

Este contexto es resultado, a grandes rasgos, de una importante inestabilidad política y social que afecta a la mayor parte de los países que conforman el África Subsahariana. Esta trae como consecuencia guerras internas con importantes desplazamientos de población. Por otra parte, la implementación de los planes estructurales del FMI y BM en estos países, a cambio de créditos que aumentan su deuda externa, ha tenido como resultado la imposibilidad del pago de la misma en la última década, con las consecuencias que tiene la dificultad para obtener nuevamente financiación y el destinar los ingresos de los estados prácticamente en exclusiva al pago de los intereses de estas deudas.

En los últimos años, la emigración de los jóvenes africanos se ha convertido en un fenómeno masivo, y ante la imposibilidad de emigrar legalmente, por la dificultad que tiene obtener los documentos requeridos, han optado por la utilización de las vías ilegales de entrada a la Unión Europea, por territorio Español, Francés e Italiano, principalmente.

Los factores que empujan a los jóvenes africanos a emigrar son la situación objetiva en sus países de origen, paro y subempleo en la población joven así como la falta de expectativas profesionales.

Estos factores, complementados por factores de atracción que ejerce la situación en los países de destino de la migración, dentro de Europa y en España en el caso concreto, a través de la necesidad objetiva de la mano de obra en el país de acogida, hace que la situación de irregularidad no sea definitiva a la hora de tomar la decisión de migrar, ya que el trabajo no regularizado ejerce una verdadera llamada a la emigración irregular. Por otra parte, los emigrantes que regresan a su país, ya sea de visita vacacional o de regreso por otros motivos (expulsión, retorno voluntario, problemas familiares), se convierten en un modelo de éxito, y por tanto, a imitar por los jóvenes. Igualmente, la existencia de redes de ayuda mutua en los países de acogida, formadas por migrantes ya establecidos de sus países de origen y las importantes redes de “pasadores”, han alentado la masificación de los flujos de inmigrantes en situación irregular, multiplicándose la oferta de pasadores, haciendo que los precios por el viaje en cayuco hayan incluso bajado.
Finalmente, si hablamos de migraciones africanas, no podemos dejar de analizar los flujos migratorios que se producen dentro del continente, que contrariamente a la opinión más extendida, son más importantes en cuanto a su número que los que se producen hacia Europa. El África Subsahariana, aun cuando orienta cada vez más su emigración hacia otros continentes por la falta de perspectivas locales, está registrando transferencias internas o inter africanas masivas que ponen de manifiesto su potencial migratorio, y que cada vez se feminizan más. Cabe distinguir la emigración del África del Norte de la del África Subsahariana. En opinión de Samir Naïr, el África “blanca” (Egipto y Magreb) exporta sobre todo sus poblaciones hacia Europa y Estados Unidos, mientras el África subsahariana, aunque orienta su emigración hacia Europa (sobre todo Ghana, Nigeria y Senegal, representan la mitad de los flujos migratorios subsaharianos, seguidos por Cabo Verde y Mali), conoce importantes flujos migratorios internos: de las zonas rurales a las ciudades, de las zonas en guerra hacia las zonas en paz, y de los países más pobres hacia los países más ricos.  Así, países como Nigeria, Libia o Gabón, enriquecidos por el petróleo, y Kenia, Costa de Marfil, Sudáfrica y Botswana, con más recursos económicos, acogen a los trabajadores de los países más
pobres del África Subsahariana, que expulsan cada vez que se manifiesta una crisis económica.
El África Occidental y el África del Norte son las grandes regiones de las migraciones del continente y sirven de etapas hacia Europa. Ciudades como Nouadibou en Mauritania y San-Luís en Senegal sirven de puntos de paso y de contacto con las redes de migraciones entre el África subsahariana y el Magreb, última etapa antes del asalto europeo; de este modo se ha pasado de las migraciones internas a las migraciones externas.

Rutas de migración hacia Europa

Las rutas de la migración irregular desde África Occidental hacia Europa han ido complicándose cada vez más.

Las principales rutas de migración irregular africana hacia España han sido dos: el itinerario mixto, terrestre-marítimo, y la vía marítima. Estos itinerarios han ido modificándose con gran rapidez debido a las medidas implementadas por Europa para evitar la llegada de migrantes a sus países costeros fronterizos.
Problemas

Documentación

La documentación es el problema más angustioso de los inmigrantes en Europa. Los europeos, como es lógico, han endurecido las leyes tanto para la obtención de los visados de entrada en sus territorios, como para la legalización una vez en Europa. En este problema el inmigrante ilegal y la administración, junto con su policía, juegan al gato y al ratón.

El inmigrante africano por ejemplo, emprende su viaje (que suele durar mucho, a veces años) hacia Europa con el itinerario bien aprendido. A medida que avanza hacia el norte, (Senegal, Mauritania, Marruecos, Melilla), va adquiriendo conocimientos del continente a donde va.

Las autoridades ganan prestigio cuando arrestan a uno en situación ilegal y lo expulsan a su país. 
Pero muchas veces el expulsado inicia inmediatamente una nueva aventura para regresar. Lo hace siempre con otro nombre y, si es posible, con otra nacionalidad, algunas veces incluso con la de un país europeo.

Las autoridades policíacas europeas suelen tener graves problemas con los inmigrantes africanos: muchos carecen de documentación alguna por lo que su identificación y su expulsión suelen ser arduas. Una vez la policía suiza se las vio y se las deseó para identificar a un camerunés al que habían arrestado varias veces y en ciudades distintas vendiendo ilegalmente cuadros de pintura con motivos africanos. Cada vez que lo arrestaban daba una nacionalidad y un nombre distinto. Sólo las huellas delataban que se trataba de la misma persona. Pero ¿a dónde expulsarle? Ese fue el dilema.

Trabajo

El problema de empleo no es tan angustioso para los inmigrantes africanos como el de la legalización pues los inmigrantes vienen dispuestos a trabajar en lo que sea. Y lo que sea, no es que sobre, pero sí que se encuentra con más facilidad. ¿En qué trabajan?

- Hombres

Los inmigrantes centroafricanos hacen los trabajos que la mayoría de los europeos rechazan. Suelen ser duros, peligrosos y mal pagados. El ejemplo lo tenemos en Cataluña que alberga 4001 gambianos, según el Anuario Estadístico de Extranjería del Ministerio español del Interior de finales de 1996. La mayoría de estos inmigrantes vienen dispuestos a trabajar en el campo, por lo que se les localiza a lo largo de los campos del Maresme, Girona y Lleida.

Los senegaleses, que son también una comunidad numerosa en toda la Europa comunitaria, se dedican en su gran mayoría a la venta ambulante. En general los inmigrantes trabajan en lo que encuentran. También hay técnicos universitarios negros en casi todas las profesiones aunque en España sean escasísimos.

- Mujeres

La mujer africana en Europa trabaja más o menos en las mismas condiciones que los hombres. Están en fábricas, en tiendas, en hospitales, etc. La excepción es España en donde la mujer negra tiene solamente dos opciones: los trabajos de hogar o la prostitución. La prostitución es una opción oculta, mientras que la del trabajo en el hogar es la oficial y legal. Así, para obtener una plaza en los cupos que otorga el Ministerio del Interior anualmente, las mujeres inmigrantes (que son mayoritariamente negras africanas, dominicanas, filipinas y magrebíes) han de tener un precontrato de trabajo de hogar o cualquier empleo que rechacen las españolas.

Es difícil que una joven negra sueñe con un empleo diferente en España, aunque tenga sus papeles en regla, y a veces una graduación media. La situación no ha variado desde el tiempo del dictador Franco, si exceptuamos que entonces el poder adquisitivo de los españoles no alcanzaba para pagar el salario de una chacha, por lo que la única salida para la mujer negra era la prostitución. La gran aportación en este aspecto de la era de la democracia ha sido la creación de la riqueza y el consiguiente aumento del poder adquisitivo de la población española, lo que ha permitido que en muchos hogares se pueda contratar a una criada. Cuesta encontrar otro país de Europa occidental donde la mujer negra sea tan despreciada y su suerte tan triste y sin horizonte.
La mujer africana en Europa se bate, lo mismo que la de África, con mucho dinamismo llevando la manutención de su hogar. Las que no tienen trabajo fijo e incluso algunas que los tienen recurren para su subsistencia a lo que, N. Wago, denomina como economía, “Crillol” que él aplica a la economía que actualmente rige en África, pero que también podemos aplicar a la de las inmigrantes en Europa. Digamos que es una economía que no entra en las reglas generales que estudia la economía científica, pero que sin embargo es tan poderosa que ha mantenido y mantiene a millones de africanos en los duros momentos de su crisis económica actual. Algunas de estas profesiones son:

- Peluqueras: que atienden en sus casas o se desplazan a los domicilios de sus clientes.

- Vendedoras: se llaman también tredas. Venden de todo: productos cosméticos a domicilio que adquieren ya sea en Inglaterra o en Francia (este comercio se da más en España); telas y ropa africana; comida, como carne y pescado ahumados, caracoles, mehòndo, bebobolo, gari, harina de yuca para hacer fúfu, etc.

Algunas mujeres adquieren los productos en las tiendas autorizadas que se encuentran en las grandes capitales europeas y los revenden en las provincias.

- Cocineras: suelen elaborar la comida en sus casas a donde pasan a comer o a recogerla los clientes. Preparan toda clase de platos africanos: makalas, ndole, salsas de cacahuete, de modica; carne o pescado asado, al que acompañan, mehòndo, ablo, ekoki, etc.

- El njangui o la tontina: es una cotización rotatoria donde cada periodo de tiempo los miembros de la asociación vierten una suma de dinero a uno de los socios. Los beneficiarios aprovechan ese dinero para hacer una importante compra, o invertir en un negocio. Algunos negocios legales de los inmigrantes africanos como las cafeterías, los restaurantes, las peluquerías, las tiendas alimentación, etc., han visto la luz gracias
a esta iniciativa.

Alojamiento

En muchas ciudades de Europa los africanos tienen grandes problemas para conseguir alojamiento pues bastantes propietarios se niegan a alquilarles los pisos. En España encontramos este problema en lugares donde se concentra un gran número de africanos. Por ejemplo en las ciudades del Maresme, en Cataluña, en la provincia de
Almería, etc. Si a ello unimos el elevado precio de los alquileres, el problema aumenta provocando una masificación de personas en la misma vivienda lo que, a su vez, alimenta la leyenda de que a los negros les gusta vivir hacinados en una misma casa. Esta leyenda es verdad en parte, pero se debe a las dificultades de encontrar alojamiento
y a la solidaridad entre los propios inmigrantes que no suelen permitir que uno de los suyos duerma en la calle o abandonado a su suerte.

En países como Francia, Inglaterra y otros, el problema lo resuelven en parte los ayuntamientos con los Archelins, que son viviendas municipales que pueden ser alquiladas por los necesitados a unos precios razonables. En España esta oportunidad apenas se da.

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