domingo, 31 de marzo de 2013

Primera Guerra Mundial


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INTRODUCCIÓN

Primera Guerra Mundial, conflicto militar que comenzó el 28 de julio de 1914 como un enfrentamiento localizado en el Imperio Austro-Húngaro y Serbia; se transformó en un enfrentamiento armado a escala europea cuando la declaración de guerra austro-húngara se extendió a Rusia el 1 de agosto de 1914; y finalmente pasó a ser una guerra mundial, en la que participaron 32 naciones, finalizada en 1918. Veintiocho de ellas, denominadas ‘aliadas’ o ‘potencias asociadas’ y entre las que se encontraban Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos, lucharon contra la coalición de los llamados Imperios Centrales, integrada por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria. La causa inmediata del inicio de las hostilidades entre Austria-Hungría y Serbia fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo (Bosnia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro; en la actualidad Bosnia-Herzegovina) el 28 de junio de 1914 por el nacionalista serbio Gavrilo Princip. No obstante, las causas profundas del conflicto remiten a la historia europea del siglo XIX, concretamente a las tendencias económicas y políticas que imperaron en Europa desde 1871, año en el fue fundado y emergió como gran potencia el II Imperio Alemán.
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LAS CAUSAS DE LA GUERRA
Los verdaderos factores que desencadenaron la I Guerra Mundial fueron el intenso espíritu nacionalista que se extendió por Europa a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, la rivalidad económica y política entre las distintas naciones y el proceso de militarización y de vertiginosa carrera armamentística que caracterizó a la sociedad internacional durante el último tercio del siglo XIX, a partir de la creación de dos sistemas de alianzas enfrentadas.
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El nacionalismo
La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas habían difundido por la mayor parte del continente europeo el concepto de democracia, extendiéndose así la idea de que las poblaciones que compartían un origen étnico, una lengua y unos mismos ideales políticos tenían derecho a formar estados independientes. Sin embargo, el principio de la autodeterminación nacional fue totalmente ignorado por las fuerzas dinásticas y reaccionarias que decidieron el destino de los asuntos europeos en el Congreso de Viena (1815). Muchos de los pueblos que deseaban su autonomía quedaron sometidos a dinastías locales o a otras naciones. Por ejemplo, los estados alemanes, integrados en la Confederación Germánica, quedaron divididos en numerosos ducados, principados y reinos de acuerdo con los términos del Congreso de Viena; Italia también fue repartida en varias unidades políticas, algunas de las cuales estaban bajo control extranjero; los belgas flamencos y franceses de los Países Bajos austriacos quedaron supeditados al dominio holandés por decisión del Congreso. Las revoluciones y los fuertes movimientos nacionalistas del siglo XIX consiguieron anular gran parte de las imposiciones reaccionarias acordadas en Viena. Bélgica obtuvo la independencia de los Países Bajos en 1830; la unificación de Italia fue culminada en 1861, y la de Alemania en 1871. Sin embargo, los conflictos nacionalistas seguían sin resolverse en otras áreas de Europa a comienzos del siglo XX, lo que provocó tensiones en las regiones implicadas y entre diversas naciones europeas. Una de las más importantes corrientes nacionalistas, el paneslavismo, desempeñó un papel fundamental en los acontecimientos que precedieron a la guerra.
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El imperialismo
El espíritu nacionalista también se puso de manifiesto en el terreno económico. La Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, en Francia a comienzos del XIX y en Alemania a partir de 1870, provocó un gran incremento de productos manufacturados, por lo que estos países se vieron obligados a buscar nuevos mercados en el exterior. El área en la que se desarrolló principalmente la política europea de expansión económica fue África, donde los respectivos intereses coloniales entraron en conflicto con cierta frecuencia. La rivalidad económica por el dominio del territorio africano entre Francia, Alemania y Gran Bretaña estuvo a punto, desde 1898 hasta 1914, de provocar una guerra en Europa en varias ocasiones.
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La expansión militar
Como consecuencia de estas tensiones, las naciones europeas adoptaron medidas tanto en política interior como exterior entre 1871 y 1914 que, a su vez, aumentaron el peligro de un conflicto; mantuvieron numerosos ejércitos permanentes, que ampliaban constantemente mediante reclutamientos realizados en tiempo de paz, y construyeron naves de guerra de mayor tamaño. Gran Bretaña, influida por el desarrollo de la Armada alemana, que se inició en 1900, y por el curso de la Guerra Ruso-japonesa, modernizó su flota bajo la dirección del almirante sir John Fisher. El conflicto bélico que tuvo lugar entre Rusia y Japón había demostrado la eficacia del armamento naval de largo alcance. Los avances en otras áreas de la tecnología y organización militar estimularon la constitución de estados mayores capaces de elaborar planes de movilización y ataque muy precisos, integrados a menudo en programas que no podían anularse una vez iniciados.
Los dirigentes de todos los países tomaron conciencia de que los crecientes gastos de armamento desembocarían con el tiempo en quiebras nacionales o en una guerra; por este motivo se intentó favorecer el desarme mundial en varias ocasiones, especialmente en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907. Sin embargo, la rivalidad internacional había llegado a tal punto que no fue posible alcanzar ningún acuerdo efectivo para decidir el desarme internacional.
De forma paralela al proceso armamentístico, los estados europeos establecieron alianzas con otras potencias para no quedar aisladas en el caso de que estallara una guerra. Esta actitud generó un fenómeno que, en sí mismo, incrementó enormemente las posibilidades de un conflicto generalizado: el alineamiento de las grandes potencias europeas en dos alianzas militares hostiles, la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente, integrada por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Los propios cambios que se produjeron en el seno de estas asociaciones contribuyeron a crear una atmósfera de crisis latente por la cual el periodo fue denominado de la ‘paz armada’.
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Las crisis anteriores a la guerra (1905-1914)

Al encontrarse Europa dividida en dos sistemas de alianzas hostiles, cualquier alteración de la situación política o militar en Europa, África o en cualquier otro lugar provocaría un incidente internacional. Desde 1905 hasta 1914 tuvieron lugar varias crisis internacionales y dos guerras locales, y todos ellas estuvieron a punto de desencadenar una guerra general en Europa. El primer conflicto se produjo en Marruecos, donde Alemania combatió en 1905 y 1906 para apoyar al país en su lucha por la independencia y para evitar el dominio del área por Francia y España. Francia amenazó a Alemania con declararle la guerra, pero el incidente se solucionó finalmente en una conferencia internacional celebrada en Algeciras (España) en 1906. Los Balcanes fueron el escenario de un nuevo enfrentamiento en 1908, motivado por la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria-Hungría. Entre los distintos tipos de paneslavismo se encontraba el panserbianismo o movimiento para la creación de una Gran Serbia, uno de cuyos objetivos era que esta región adquiriera la zona meridional de Bosnia, por lo que los serbios amenazaron a Austria con declararle la guerra. No se inició ninguna campaña debido a que los serbios no podían emprender la lucha sin el apoyo de Rusia, y ésta no se encontraba en condiciones de intervenir en la contienda. En 1911 estalló una nueva crisis en Marruecos, cuando el gobierno alemán envió un buque de guerra a Agadir en protesta por los intentos franceses para conseguir la supremacía en esta zona. Hubo amenazas de guerra por ambas partes, pero el conflicto se solventó en la Conferencia de Agadir. Italia, aprovechando la preocupación de las grandes potencias por la cuestión marroquí, declaró la guerra al Imperio otomano en 1911, con la esperanza de poder anexionarse la región de Tripolitania, situada al norte de África. Dado que Alemania se había visto obligada a entablar relaciones amistosas con el Imperio otomano a causa de su política de Drang nach Osten (‘Expansión hacia el Este’), el ataque de Italia debilitó a la Triple Alianza y alentó a sus enemigos. Las Guerras Balcánicas de 1912-1913 aumentaron el interés de Serbia por obtener el control de las áreas del Imperio Austro-Húngaro habitadas por pueblos eslavos, agudizó el recelo del Imperio Austro-Húngaro hacia los serbios y generó en Bulgaria y el Imperio otomano un deseo de revancha tras su derrota en dichos conflictos. Alemania, irritada por el hecho de que el Imperio otomano hubiera perdido sus territorios en Europa como consecuencia del conflicto balcánico, formó un Ejército más numeroso. Francia respondió con la ampliación del servicio militar obligatorio de dos a tres años en tiempo de paz. Las demás naciones europeas siguieron el ejemplo de estas potencias y asignaron en 1913 y 1914 enormes cantidades al presupuesto destinado a gastos militares.
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LAS OPERACIONES MILITARES
El asesinato del archiduque austriaco tuvo una repercusión catastrófica en una Europa armada y desgarrada por las rivalidades nacionales.
è Las gestiones diplomáticas
El gobierno austro-húngaro, que consideraba que el asesinato había sido obra del movimiento de la Gran Serbia, decidió suprimir esta agrupación enviando una expedición militar a Serbia. El 23 de julio, Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia que contenía diez condiciones concretas, la mayoría de las cuales estaban relacionadas con la eliminación de la propaganda antiaustriaca en Serbia. Ésta, alentada por Gran Bretaña y Rusia, aceptó las exigencias austro-húngaras salvo dos de ellas el 25 de julio, pero Austria replicó que la respuesta serbia no era satisfactoria. Los rusos intentaron convencer a Austria para que modificara los términos exigidos, y declararon que si los austriacos atacaban Serbia, ellos se movilizarían contra Austria. El ministro de Asuntos Exteriores británico, sir Edward Grey, primer vizconde Grey de Fallodon, propuso el 26 de julio que Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia se reunieran en una conferencia para arbitrar en la disputa austro-serbia, pero Alemania declinó dicha oferta.
è Las declaraciones de guerra
Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, ya fuera porque creía que Rusia no llegaría a unirse a Serbia o porque estaba dispuesta a correr el riesgo de un conflicto europeo general con tal de poner fin al movimiento nacionalista serbio. Rusia respondió movilizándose contra Austria. Alemania advirtió a Rusia de que si persistía en su actitud le declararía la guerra, y consiguió que Austria accediera a discutir con Rusia una posible modificación del ultimátum enviado a los serbios. No obstante, Alemania insistió en que los rusos retiraran sus tropas inmediatamente. Rusia se negó a hacerlo y Alemania le declaró la guerra el 1 de agosto.
Los franceses comenzaron la movilización de sus fuerzas ese mismo día; las tropas alemanas cruzaron la frontera de Luxemburgo el 2 de agosto y Alemania declaró la guerra a Francia al día siguiente. El día anterior, el gobierno alemán había informado al gobierno belga de su intención de marchar sobre Francia cruzando Bélgica, a fin de evitar que los franceses utilizaran esta ruta para atacar Alemania. Las autoridades belgas se negaron a permitir el paso por su territorio de las tropas alemanas y recurrieron a los países firmantes del Tratado de 1839 —en el que se garantizaba la neutralidad de Bélgica en el caso de un conflicto en el que estuvieran implicados Gran Bretaña, Francia y Alemania— para que se cumpliera lo establecido en dicho acuerdo. Gran Bretaña, uno de los países signatarios del Tratado de 1839, envió un ultimátum a Alemania el 4 de agosto en el que se exigía que se respetara la neutralidad de Bélgica; Alemania rechazó la petición y el gobierno británico le declaró la guerra ese mismo día. Italia permaneció neutral hasta el 23 de mayo de 1915, cuando rompió su pacto con la Triple Alianza para satisfacer sus aspiraciones territoriales y declaró la guerra a Austria-Hungría. La unidad de los aliados se fortaleció en septiembre de 1914 a través del Pacto de Londres, firmado por Francia, Gran Bretaña y Rusia. A medida que avanzaba la contienda, fueron sumándose al conflicto países como el Imperio otomano, Japón, Estados Unidos y otras naciones del continente americano. Japón, que había firmado una alianza con Gran Bretaña en 1902, declaró la guerra a Alemania el 23 de agosto de 1914, y el 6 de abril de 1917 lo hizo Estados Unidos.
è 1914-1915: la guerra de trincheras

Las operaciones militares comenzaron a desarrollarse en Europa en tres frentes: el occidental o franco-belga, el oriental o ruso y el meridional o serbio. El Imperio otomano intervino en noviembre de 1914 como aliado de los Imperios Centrales, por lo que la lucha se extendió al estrecho de los Dardanelos y a Mesopotamia. A finales de 1915 se habían abierto dos nuevos frentes: el austro-italiano, después de que Italia entrase en la guerra en apoyo del bando aliado (es decir, el bando enfrentado a los denominados Imperios Centrales) en mayo de 1915, y el de la frontera griega situada al norte de Salónica, tras adherirse en octubre de 1915 Bulgaria a la causa de los Imperios Centrales.
è El frente occidental
El plan inicial de la estrategia alemana era derrotar a Francia en el oeste en poco tiempo, mientras una pequeña parte del Ejército alemán y todas las fuerzas austro-húngaras contenían la invasión rusa que se esperaba por el este. Se confiaba en vencer a Francia rápidamente gracias a la estrategia de la ‘guerra relámpago’ contenida en el Plan Schlieffen, elaborado por el conde Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor alemán desde 1891 hasta 1907. El proyecto previsto era el siguiente: las tropas alemanas debían conquistar Bélgica, rodear a los franceses mediante movimientos veloces y, a continuación, cambiar de frente y derrotarlos de forma rápida y contundente. Cuando se aplicó este plan en el otoño de 1914 parecía haber sido un éxito. La veloz incursión de los alemanes a comienzos de agosto aniquiló al Ejército belga, que abandonó las plazas fuertes de Lieja y Namur y se refugió en la fortaleza de Amberes. Las tropas alemanas, que avanzaban a gran velocidad, derrotaron a los franceses en Charleroi y a la Fuerza Expedicionaria británica en Mons, lo que provocó la retirada de Bélgica de toda la línea aliada. Al mismo tiempo, los alemanes expulsaron a los franceses de Lorena, que había sido invadida, y les obligaron a retirarse de la frontera de Luxemburgo. Los contingentes británicos y franceses no tardaron en retroceder hasta el río Marne, pero tres ejércitos alemanes se dirigieron rápidamente hacia su posición, por lo que tuvieron que cruzarlo. La caída de la capital francesa parecía tan inminente que el gobierno galo se trasladó a Burdeos. Sin embargo, una vez que los alemanes habían atravesado el Marne, los franceses, dirigidos por el general Joseph Joffre, rodearon París y atacaron al I Ejército alemán, mandado por el general Alexander von Kluck, situado a la derecha de los tres ejércitos que avanzaban hacia la capital francesa.
En la primera batalla del Marne, que se desarrolló desde el 6 hasta el 9 de septiembre, los franceses consiguieron detener al ejército de Kluck, que se había distanciado de las otras dos fuerzas alemanas y no pudo recibir refuerzos. Además, los alemanes habían perdido una parte de sus tropas el 25 de agosto, cuando el general Helmuth Johan von Moltke, jefe del Estado Mayor alemán, pensando que ya se había alcanzado la victoria en el frente occidental, envió seis de estas unidades al oriental. La presión francesa sobre el flanco derecho alemán obligó al ejército de Kluck a retirarse, y posteriormente todas las fuerzas alemanas retrocedieron hasta el río Aisne. Los franceses avanzaron e intentaron expulsar a los alemanes del territorio próximo a dicho río, lo que provocó las batallas del Aisne, del Somme y la de Arras. Sin embargo, no les fue posible desalojar a los alemanes de esta posición y éstos extendieron sus líneas por el este hacia el Mosa, al norte de Verdún. Ambos contendientes intentaron entonces alcanzar el mar del Norte, donde se encontraban los puertos del canal. Los alemanes no pudieron alcanzarlo debido a que los belgas habían inundado la región del río Yser. La parte occidental de las líneas aliadas estaba ocupada por los británicos, que se hallaban ya en Ypres (situado en el extremo suroccidental de Bélgica) en la carrera hacia el Canal. Los alemanes, después de tomar Amberes el 10 de octubre, intentaron atravesar las posiciones de los británicos en Bélgica, pero no pudieron cumplir su objetivo tras las denominadas batallas de Flandes. En diciembre, los aliados lanzaron una serie de ofensivas a lo largo de todo el frente, desde Niewpoort por el oeste hasta Verdún en el este, pero no consiguieron conquistas territoriales significativas.
A finales de 1914, ambos bandos se encontraban atrincherados en sendas líneas que se extendían a lo largo de 800 kilómetros, desde Suiza hasta el mar del Norte. Apenas se produjeron cambios en este frente durante casi tres años.
Las batallas de Flandes representaron el final de la guerra de movimientos en el frente occidental. Desde finales de 1914 hasta casi el final de la contienda, ésta se convirtió en una guerra de trincheras o de ‘desgaste’. El frente estaba formado por numerosas líneas paralelas de trincheras comunicadas y protegidas por alambres de púas y cada bando intentaba atravesar las líneas enemigas esporádicamente. Los británicos intentaron romper el frente enemigo en marzo de 1915, pero sólo capturaron la línea delantera de los alemanes. Éstos lanzaron un asalto fallido sobre Ypres en el mes de abril empleando gas de cloro; ésta fue la primera vez que la guerra química se practicaba a gran escala. La ofensiva conjunta lanzada por los británicos y franceses a lo largo del frente situado entre Neuve Chapelle y Arras en mayo y junio permitió que sus tropas avanzaran 4 km en el sistema de trincheras alemán, pero no se consiguió atravesarlo. Los británicos asediaron en varias ocasiones la ciudad de Lens durante el mes de septiembre, mientras los franceses atacaban la cresta de Vimy. Ese mismo mes, los franceses lanzaron un asalto a gran escala sobre un frente que se extendía desde Reims hasta la región boscosa de Argonne y consiguieron tomar la primera línea de trincheras alemanas, pero no pudieron avanzar hasta la segunda. En términos generales, puede decirse que durante 1915 no se produjo ninguna modificación en las posiciones establecidas a finales de 1914.
è El frente oriental
Los rusos asumieron la ofensiva en el frente oriental desde el comienzo de la guerra, de acuerdo con los planes de los aliados. En agosto de 1914, dos ejércitos rusos se adentraron en Prusia oriental y otros cuatro ejércitos invadieron la provincia austriaca de Galitzia. Tras una serie de victorias rusas, la evacuación de Prusia oriental parecía inminente; sin embargo, las tropas de refuerzo alemanas, dirigidas por el general Paul von Hindenburg, derrotaron definitivamente a los rusos en la batalla de Tannenberg, librada del 26 al 30 de agosto de 1914. Los cuatro ejércitos rusos que habían invadido territorio austriaco avanzaron incesantemente a través de Galitzia; conquistaron Przemysl y Bucovina, y se encontraban en situación de adentrarse en Hungría a finales de marzo de 1915. No obstante, una fuerza conjunta austro-alemana les hizo retirarse de la cordillera de los Cárpatos. En mayo, los ejércitos austro-alemanes iniciaron una gran ofensiva en la zona central de Polonia; hacia septiembre de 1915, habían conseguido expulsar a los rusos de Polonia y Lituania y tomado todas las fortalezas fronterizas de Rusia. Los rusos abandonaron Galitzia para hacer frente a la ofensiva; cuando ésta cesó, las líneas rusas se encontraban detrás del río Dvina Occidental, entre Riga y Daugavpils, y los alemanes se dirigieron hacia el río Dniéster. Aunque los Imperios Centrales no realizaron ninguna operación decisiva en el frente oriental entre 1914 y 1915, Rusia había perdido tantos hombres y tal cantidad de suministros que a partir de ese momento no pudo emprender acciones importantes. Este frente fue el escenario de notables combates durante 1914 y 1915, librados concretamente en la región de Masuria, entre los que destacan la primera (del 7 al 14 de septiembre de 1914) y la segunda (del 7 al 21 de febrero de 1915) batallas de los Lagos Masurios; ambas concluyeron con la victoria de los alemanes.
è La guerra en Serbia
Los austriacos invadieron Serbia en tres ocasiones a lo largo de 1914 y fueron rechazados en todas ellas. El frente permaneció estabilizado hasta octubre de 1915, fecha en la que tropas británicas y francesas llegaron a Salónica gracias a un acuerdo establecido con el gobierno de Grecia, que se mantenía neutral; los aliados se anticiparon así a la entrada en el conflicto de Bulgaria en apoyo de los Imperios Centrales; su propósito era ayudar a Serbia, que sería el objetivo del ataque búlgaro. Cuando Bulgaria declaró la guerra a Serbia el 14 de octubre de 1915, las fuerzas aliadas se internaron en Serbia. Los búlgaros derrotaron al Ejército serbio y también a los británicos y franceses procedentes de Salónica. Asimismo, el 6 de octubre, las tropas austro-alemanas, dirigidas por el general August von Mackensen, lanzaron un fuerte ataque sobre Serbia desde Austria-Hungría. A finales de 1915, los Imperios Centrales habían conquistado toda Serbia; las tropas serbias supervivientes se refugiaron en Montenegro, Albania y en la isla griega de Corfú, ocupada por los franceses en enero de 1916. Las tropas británicas y francesas que se encontraban en Serbia se retiraron a Salónica, posición en la que permanecieron preparados para nuevas acciones.
è El frente otomano
El Imperio otomano entró en la guerra el 29 de octubre de 1914, fecha en la que sus naves colaboraron con las alemanas en el bombardeo naval de los puertos rusos del mar Negro; Rusia le declaró la guerra oficialmente el 2 de noviembre, y Gran Bretaña y Francia lo hicieron a su vez el 5 de noviembre. Los turcos (otomanos) comenzaron la invasión de la zona rusa de la cordillera del Cáucaso en diciembre, pero el escaso territorio que conquistaron se vio reducido considerablemente en agosto de 1915. No obstante, la presión turca en esta región había obligado al gobierno ruso a solicitar a comienzos de 1915 que los británicos llevaran a cabo una maniobra de distracción en el estrecho de los Dardanelos. En respuesta, la fuerza naval británica, capitaneada por el general sir Ian Hamilton bombardeó los fuertes turcos de los Estrechos en febrero de ese año, y entre abril y agosto se produjeron dos desembarcos de tropas aliadas en la península de Gallípoli; el primero, efectuado en abril, fue llevado a cabo por tropas británicas, australianas y francesas; en agosto acudieron más divisiones británicas. El objetivo de los aliados era conquistar los Dardanelos; sin embargo, la campaña de Gallípoli resultó un completo fracaso para las tropas aliadas, que en diciembre de 1915 y enero de 1916 se retiraron.
è El frente italiano
Italia declaró la guerra a Austria-Hungría el 23 de mayo de 1915. Los principales enfrentamientos militares que tuvieron lugar en el frente austro-italiano durante ese año fueron cuatro batallas libradas entre sus respectivos ejércitos en el río Isonzo. El objetivo de los ataques italianos era romper las líneas austriacas y conquistar Trieste.
è 1916: continuación del estancamiento
El triunfo obtenido por los alemanes en 1915 al conseguir que los rusos retrocedieran en Prusia oriental, Galitzia y Polonia les permitió centrar sus operaciones en el frente occidental para intentar concluir en 1916 la campaña en esta zona.
è Las bajas de los rusos y la derrota de los rumanos
Por lo que respecta a la situación del frente oriental en 1916, los rusos lanzaron una ofensiva sobre la región del lago Narocz, al Noreste de Vilna. Esta acción, cuyo propósito era obligar a los alemanes a trasladar sus tropas de Verdún a la región del lago Narocz, fracasó estrepitosamente. La operación que emprendieron en junio resultó más satisfactoria. Los italianos solicitaron que se llevara a cabo alguna acción para aliviar la presión de la ofensiva austriaca en la región de Trentino-Alto Adigio; los rusos, en respuesta a su petición, atacaron a los austriacos en un frente que se extendía desde el sur de Pinsk hasta Chernovtsi. Hacia el mes de septiembre, cuando los numerosos refuerzos alemanes procedentes del frente occidental detuvieron el avance de los rusos, éstos habían hecho retroceder unos 65 km a las tropas austro-alemanas a lo largo de todo el frente y habían capturado alrededor de 500.000 prisioneros. Pese a no conseguir tomar sus principales objetivos, las ciudades de Kovel y Lvov, el ataque ruso persuadió a Rumania para intervenir en la guerra en apoyo del bando aliado (27 de agosto de 1916). Rumania lanzó inmediatamente una invasión sobre la provincia austro-húngara de Transilvania (agosto y septiembre), pero las fuerzas austro-alemanas expulsaron a los rumanos de la región. Estas tropas, junto con soldados búlgaros y turcos, invadieron Rumania (noviembre y diciembre), que a mediados de enero de 1917 había sido completamente conquistada, con lo que los Imperios Centrales se habían asegurado importantes reservas de trigo y petróleo.
è Italia y los Balcanes
La actividad en el frente italiano durante 1916 se centró en la quinta batalla del río Isonzo y en la ofensiva austriaca en el Trentino, cuyo objetivo era llegar hasta la retaguardia de la posición italiana en el Isonzo. Los austriacos conquistaron un territorio considerable en el Trentino, pero la contraofensiva de los italianos les permitió recuperar la mayor parte del terreno cedido. Desde agosto a noviembre tuvieron lugar cuatro nuevas batallas en el Isonzo, de las que sólo cabe destacar la conquista de Gorizia por parte de los italianos el 9 de agosto.
En los Balcanes, las potencias aliadas interfirieron en la vida política de Grecia durante 1916 alegando que el gobierno griego, dirigido por el rey Constantino I, favorecía a los Imperios Centrales a pesar de su declarada neutralidad. La intervención de los aliados provocó el establecimiento de un gobierno provisional en Salónica (29 de septiembre), presidido por Eleuterios Venizelos, que declaró la guerra a Alemania y Bulgaria el 3 de noviembre. El rey Constantino seguía ejerciendo el poder en Atenas y gran parte de Grecia, lo que generó conflictos con los aliados, que recurrieron al bloqueo de Grecia. Gran Bretaña reconoció oficialmente al gobierno provisional griego el 19 de diciembre.  Se produjeron dos contiendas en los Balcanes durante 1916. En agosto el Ejército serbio, reorganizado en Corfú, se trasladó a Salónica, donde se unió a las tropas rusas e italianas para lanzar una ofensiva conjunta contra las fuerzas búlgaras y alemanas. Tras las primeras victorias, se vieron obligados a retroceder debido a un fuerte contraataque. Los aliados lanzaron una ofensiva a gran escala sobre Macedonia a principios de octubre; sus tropas capturaron Monastir (en la actualidad Bitola) el 19 de noviembre y llegaron hasta el lago Ohrid (situado en la frontera entre Albania y Macedonia) a mediados de diciembre.
è Los intentos de negociación
En 1916, Thomas Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos, país que en esos momentos era una potencia neutral, intentó que las naciones beligerantes entablaran negociaciones que condujeran a la paz. Como resultado de sus esfuerzos, el gobierno alemán comunicó a Estados Unidos en el mes de diciembre que los Imperios Centrales estaban dispuestos a iniciar las negociaciones de paz. Cuando Estados Unidos informó de esta noticia a los aliados, Gran Bretaña rechazó la oferta: Alemania no había establecido cláusulas concretas para la paz y en esos momentos Rumania acababa de ser conquistada por los Imperios Centrales, por lo que no era de esperar que éstos aceptaran unos términos razonables. Finalmente, Wilson consiguió que cada uno de los bandos comunicara sus peticiones concretas, pero éstas resultaron ser irreconciliables.
è 1917: la entrada de Estados Unidos y la retirada de Rusia
La política de neutralidad estadounidense quedó modificada cuando Alemania anunció en enero de 1917 que a partir del 1 de febrero recurriría a la guerra submarina sin restricciones contra la flota británica y todas las embarcaciones que se dirigieran a esta nación. Los expertos civiles y militares alemanes habían calculado que esta estrategia provocaría la derrota de Gran Bretaña en seis meses. Estados Unidos ya había expresado su fuerte oposición a la guerra submarina sin restricciones porque violaba sus derechos como potencia neutral, e incluso había amenazado a Alemania con la ruptura de relaciones diplomáticas si se llegaba a aplicar esta estrategia, de manera que interrumpió sus gestiones en favor de la paz. El 3 de febrero, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Alemania; varias naciones latinoamericanas, entre ellas Perú, Bolivia y Brasil, secundaron esta acción. Estados Unidos declaró la guerra a Alemania el 6 de abril.
è Batallas de Arras e Ypres
En 1917 los aliados lanzaron dos ofensivas a gran escala para romper las líneas alemanas en el frente occidental. El primer intento tuvo lugar cerca de Arras entre el 9 de abril y el 21 de mayo. Mientras los altos mandos británico y francés planeaban la estrategia, los alemanes se retiraron de la línea del Aisne y se trasladaron a la denominada Línea Hindenburg, contra la que los aliados dirigieron su ataque. En esta operación se libraron la tercera batalla de Arras y fuertes enfrentamientos en el Aisne y en la región de Champaña, que concluyeron con pequeñas conquistas por parte de los franceses, pero a costa de tal número de bajas que provocó el amotinamiento de las tropas. Tras el fracaso de esta acción, el general Nivelle fue reemplazado por el general Henri Philippe Pétain el 15 de mayo.
La segunda gran ofensiva comenzó en junio, cuando la Fuerza Expedicionaria británica mandada por Haig intentó atravesar el flanco derecho de las posiciones alemanas en Flandes. La batalla de Messines y la tercera batalla de Ypres concluyeron sin ningún progreso para los aliados.
è La retirada de Rusia
En marzo de 1917 la primera fase de la Revolución Rusa culminó con el establecimiento de un gobierno provisional y la abdicación del zar Nicolás II. El nuevo régimen prosiguió con la guerra; en julio las tropas rusas, al frente de las cuales se encontraba el general Alexéi Alexéievich Brusílov, avanzaron con cierto éxito en el frente de Galitzia, pero posteriormente perdieron gran parte del territorio conquistado. En septiembre los alemanes tomaron Riga, defendida por las fuerzas rusas del general Lavr Gueórguievich Kornílov, y un mes más tarde ocuparon la mayor parte de Letonia y un gran número de islas rusas del mar Báltico. Uno de los puntos programáticos del partido bolchevique, que tomó el poder el 7 de noviembre, era la retirada de Rusia del conflicto; el 20 de noviembre el nuevo gobierno ofreció a Alemania la suspensión de las hostilidades. Los representantes de Rusia, Austria y Alemania firmaron el armisticio el 15 de diciembre, con lo que cesó la lucha en el frente oriental.
è 1918: el año final
Los primeros meses de 1918 no resultaron favorables para las potencias aliadas. Rusia firmó el 3 de marzo la Paz de Brest-Litovsk, por la que se ponía fin oficialmente a la guerra entre esta nación y los Imperios Centrales; el 7 de mayo Rumania firmó el Tratado de Bucarest, según el cual debía ceder la región de Dobrudja a Bulgaria, los pasos de la cordillera de los Cárpatos a Austria-Hungría y conceder a Alemania un arrendamiento a largo plazo de los pozos de petróleo rumanos.
è El final de la guerra en Europa
Los aliados emprendieron una ofensiva sobre las líneas alemanas establecidas en Amiens (del 8 al 11 de agosto); los alemanes se rindieron tres meses después. Las fuerzas británicas y francesas ganaron la segunda batalla del Somme y la quinta batalla de Arras durante la última semana de agosto y los primeros días de septiembre, e hicieron retroceder a los alemanes hasta la Línea Hindenburg. El resto de las tropas alemanas fue reducido por los estadounidenses en la batalla de Saint-Mihiel (12 y 13 de septiembre). Los británicos avanzaron hacia Cambrai en octubre y principios de noviembre, y los estadounidenses atravesaron la boscosa región de Argonne. El último ataque logró romper las líneas alemanas establecidas entre Metz y Sedan. Como resultado de estas ofensivas, Ludendorff pidió al gobierno alemán que solicitara un armisticio al enemigo. El gobierno alemán inició las conversaciones con los aliados en octubre, pero éstas fracasaron cuando el presidente Wilson insistió en negociar únicamente con regímenes democráticos. Mientras tanto, los británicos realizaban importantes progresos en el norte de Francia y a lo largo de la costa belga, y las tropas francesas y estadounidenses llegaron a Sedan el 10 de noviembre. La Línea Hindenburg había sido completamente aniquilada a comienzos de este mes, y los alemanes se retiraban con rapidez de todo el frente occidental. La derrota del Ejército alemán tuvo repercusiones en el interior del país que afectaron de forma muy negativa al gobierno establecido. La flota alemana se amotinó, el rey de Baviera fue destronado por un levantamiento y el emperador Guillermo II abdicó en noviembre y huyó a los Países Bajos. El día 9 de ese mismo mes se proclamó la República de Weimar en Alemania, cuyo gobierno envió una comisión para negociar con los aliados. A las cinco de la mañana del 11 de noviembre tuvo lugar en el bosque de Compiègne la firma del armisticio entre Alemania y los aliados; este documento estaba basado en las condiciones establecidas por los vencedores; esa misma mañana cesaron las hostilidades en el frente occidental.
è La guerra marítima
A comienzos de la guerra, el grueso de la flota británica, la Gran Flota, contaba con veinte acorazados y numerosos cruceros y destructores; estaba ubicada en la base de Scapa Flow, situada en las islas Orcadas, mientras que una segunda flota protegía el canal de la Mancha. La Flota de Altamar alemana estaba compuesta por trece acorazados y tenía sus bases en los puertos alemanes de mar del Norte.
è La guerra aérea
La I Guerra Mundial estimuló enormemente la fabricación de aeronaves, su uso con fines militares y el desarrollo de la guerra aérea; se construyeron dirigibles, globos y aviones. Éstos últimos se utilizaban principalmente para dos tipos de misiones: la observación y el bombardeo. La exploración de los frentes de batalla fijos se llevaba a cabo mediante pequeños globos con cuerdas; los dirigibles servían para realizar reconocimientos en el mar, y los aeroplanos para sobrevolar las zonas costeras. Con respecto a las operaciones militares terrestres, los aeroplanos se empleaban para observar la disposición de las tropas y defensas del enemigo y bombardear sus líneas o a sus fuerzas cuando entraban en combate.
è DESPUÉS DE LA GUERRA
La I Guerra Mundial duró cuatro años, tres meses y catorce días. El conflicto representó un coste de 186.000 millones de dólares para los países beligerantes. Las bajas en los combates terrestres ascendieron a 37 millones, y casi diez millones de personas pertenecientes a la población civil fallecieron indirectamente a causa de la contienda. A pesar de que todas las naciones confiaban en que los acuerdos alcanzados después del conflicto restablecerían la paz mundial sobre unas bases estables, las condiciones impuestas promovieron un conflicto aún más destructivo (que se inició en 1939 y que, no en vano, fue denominado II Guerra Mundial). Los Imperios Centrales aceptaron los catorce puntos elaborados por el presidente Wilson como fundamento del armisticio, esperando que los aliados los adoptaran como referencia básica en los tratados de paz. Sin embargo, la mayor parte de las potencias aliadas acudieron a la Conferencia de Paz de París (celebrada en Versalles) con la determinación de obtener indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra equivalentes al coste total de la misma y de repartirse los territorios y posesiones de las naciones derrotadas según acuerdos secretos. Durante las negociaciones de paz, el presidente estadounidense Wilson insistió en que la Conferencia de Paz de París aceptara su programa completo organizado en catorce puntos, pero finalmente desistió de su propósito inicial y se centró en conseguir el apoyo de los aliados para la formación de la Sociedad de Naciones. Las potencias vencedoras permitieron que se incumplieran ciertos términos establecidos en los tratados de paz de Versalles, lo que provocó el resurgimiento del militarismo y de un nacionalismo agresivo en Alemania y desórdenes sociales en gran parte de Europa.
è EFECTOS
La guerra, los efectivos humanos y las poblaciones coloniales
Aunque la I Guerra Mundial comenzó en Europa, desde el principio afectó a lugares más allá de los confines de este continente. Los pueblos de África, India y Asia sufrieron la guerra siendo llamados a filas por los ejércitos europeos como soldados u obreros. Estas regiones aportaron también recursos importantes para el esfuerzo de guerra de los beligerantes.
A medida que la guerra se recrudecía, la desesperada necesidad de soldados y trabajadores de las potencias europeas les obligó a fijar sus ojos en las colonias. Los líderes coloniales les dieron su apoyo, pensando que su lealtad en ocasión de tal peligro para la metrópoli redundaría en una mayor autonomía para las colonias, la relajación de la legislación racial e incluso la independencia al final del conflicto. Es seguro que los líderes de las colonias británicas en la India y África apoyaron el esfuerzo de guerra con estos motivos in mente. Soldados y obreros voluntarios afluyeron en grandes contingentes para completar los regimientos coloniales ya existentes de Gran Bretaña, Francia y Alemania.

Políticas subversivas y belicistas en las colonias
Fuera de los campos de batalla, los beligerantes utilizaron otros métodos para debilitar a sus adversarios. Por ejemplo, animaron vigorosamente el descontento, la insurrección y el nacionalismo entre los súbditos coloniales de sus enemigos. Esta estrategia estaba destinada a debilitar al rival obligándole a dedicar recursos y potencial militar para reprimir los disturbios civiles y militares, especialmente en Asia occidental. Probablemente el mejor ejemplo de este tipo de subversión sucedió en Arabia, donde el agente británico T. E. Lawrence organizó una revuelta árabe contra el Imperio otomano. El gobierno británico atizó el latente nacionalismo árabe, con promesas, nunca cumplidas, de independencia para los árabes.
Gran Bretaña estaba también detrás del sionismo, otro movimiento de potencial revolucionario en el Oriente Próximo. Durante la I Guerra Mundial, un pequeño número de idealistas judíos polacos y rusos se cohesionaron en una organización que se propagó a todas las comunidades judías, sin distinción de nación, idioma o tradición. Esta organización acabó consiguiendo el apoyo británico para la instauración de un hogar nacional judío para después de la guerra. Este apoyo, consignado en la Declaración Balfour, se oponía a las esperanzas dadas por los británicos anteriormente a los nacionalistas árabes y terminaría llevando a violentas y sangrientas disputas entre las comunidades árabe y judía.
Los alemanes y los turcos desarrollaron también políticas subversivas. Esperaban explotar el sentimiento panislámico que se extendía en la joya de la corona británica, la India. Un partido opositor secreto, el Ghadr (‘Revuelta’), existía ya en el estado del Punjab. Sus líderes en Berlín, un nido de indios disidentes, tenían la esperanza de aprovechar la creciente tensión. A la postre, la gran distancia entre Europa y la India y la dificultad de coordinar a los rebeldes potenciales bajo la estricta represión británica echaron a perder sus ambiciones. Los alemanes y los turcos tuvieron más éxito en su apoyo a la resistencia islámica en África del norte y del oeste, donde la oposición al colonialismo sobrevivió a la guerra.

La I Guerra Mundial y la toma del poder de los bolcheviques en Rusia
Los inesperados acontecimientos en el Imperio Ruso resultaron tan dramáticos y exitosos como las políticas subversivas de los beligerantes. En 1917 la Revolución Rusa estremeció al mundo y dio a luz a un desafío continuo a las potencias occidentales. La revolución despertaría también la esperanza en países como China, que luchaban por deshacerse del yugo colonial. Tres décadas después de la revolución, más de una tercera parte de la humanidad viviría bajo regímenes comunistas.
Aliada de Francia desde hacía muchos años, la Rusia imperial fue a la guerra en 1914 mal preparada para las enormes exigencias de una guerra moderna e industrial. La guerra trajo pérdidas catastróficas y sufrimientos inaguantables para los millones de rusos que luchaban en los ejércitos imperiales. Durante la guerra, Rusia se enfrentó también a migraciones internas masivas a medida que millones de refugiados huían de los frentes de guerra y los civiles dejaban sus hogares para trabajar en las industrias de guerra. Este vasto movimiento de población, que igualó en número al de las levas militares, desestabilizó en gran medida a una sociedad que ya se tambaleaba bajo las presiones domésticas y famosa por su corrupción. La carestía de alimentos afectó pronto a las ciudades mientras que la inflación socavó el poder adquisitivo de los campesinos. Los obreros y los campesinos hicieron responsable al gobierno de la ruinosa situación. En 1917, el zar Nicolás II y la monarquía habían perdido la confianza de los rusos. La monarquía fue sustituida por un gobierno provisional, formado por fuerzas supuestamente democráticas.
En ese momento, un revolucionario bolchevique exiliado llamado Vladímir Lenin regresó a Petrogrado, ayudado por las autoridades alemanas que esperaban que Lenin crearía un descontento aún mayor en un país devastado ya por las luchas intestinas. Lenin y sus correligionarios bolcheviques decidieron pronto que el gobierno provisional se equivocaba al proseguir la costosa e impopular guerra. En el otoño de 1917, Lenin y sus seguidores se hicieron con el poder apartando al gobierno provisional, que había perdido el apoyo de los rusos. Una vez en el poder, los bolcheviques cumplieron su promesa de apartar a Rusia de la guerra. En diciembre de 1917 firmaron en Brest-Litovsk un armisticio que cerraba la intervención rusa.

Wilson contra Lenin
La decisión de Lenin de sacar a Rusia de la guerra significaba un reto al mensaje del presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson. Desde el principio de la guerra, Wilson había perseguido incansablemente un acuerdo negociado que trajese una paz justa entre las naciones en guerra. La clave de los Catorce puntos de Wilson, que implicaban una serie de acuerdos territoriales que previniesen nuevas guerras, estaba en su concepto de la autodeterminación y sus ideas para la formación de una Sociedad de Naciones, una asamblea internacional similar a la actual ONU, la cual acabaría plasmando ese concepto. Wilson pensaba que sus propuestas significaban una revolución en las relaciones internacionales y una alternativa a la diplomacia europea tradicional, que se basaba en el equilibrio de poder. Wilson se encontraría con nuevas decepciones cuando los países europeos cuestionaron varias de sus propuestas más importantes. Estados Unidos declaró la guerra a los Imperios Centrales en abril de 1917, y Wilson pensó imponerse a las fuerzas antidemocráticas venciéndolas en el campo de batalla.
Lenin se enfrentó a la vez a las profecías de Wilson y al concepto europeo de diplomacia. Veía el imperialismo como el veneno de la clase obrera. Lenin argumentaba además que la guerra era la consecuencia natural del imperialismo de los países capitalistas y de la opresión de los pueblos coloniales. Para Lenin, Wilson era un producto integral del capitalismo y, por tanto, parte del problema. Aunque los dos pretendían cambiar el orden mundial, sus intenciones eran diametralmente opuestas.

El final de la guerra y la revolución
En 1918, la marea causada por la Revolución Rusa barrió Europa, que se encontraba ya en medio de una gran inquietud. En Alemania, la pérdida de confianza en un gobierno que se mostraba incapaz de romper el bloqueo británico o de conseguir una victoria decisiva en el Oeste llevó a motines militares y levantamientos en todo el país. La indisciplina masiva comenzó en la Armada y culminó en la negativa de los marineros acantonados en el puerto de Kiel de hacerse a la mar en una maniobra suicida para salvar el honor del II Imperio Alemán. El motín pronto alcanzó a la totalidad de la oficialidad y la marinería que pidió el fin de la guerra. El antiguo régimen estaba en las últimas y el II Imperio Alemán fue reemplazado por un gobierno provisional.
Los marineros, a los que pronto se unieron soldados y obreros, se organizaron pronto en soviets, o comités que seguían el modelo de los bolcheviques rusos. Estos soviets desafiaban abiertamente al antiguo régimen alemán. En 1919, los espartaquistas intentaron un golpe prematuro contra el gobierno provisional. Los bolcheviques rusos prestaron ayuda directa e indirecta a sus camaradas comunistas alemanes, con la esperanza de atizar la revolución en toda Europa. Para decepción de Lenin, el ejército y los paramilitares alemanes aplastaron la intentona revolucionaria. Las revoluciones fallidas se sucedieron en Austria, Hungría y Bulgaria, demostrando el atractivo de Lenin para unas sociedades cansadas de la guerra. Pero todas se hundieron. A pesar de estos fracasos, la revolución a la manera soviética se extendió fuera de Europa. Los obreros tabaqueros en Cuba organizaron sus propios soviets, así como los pastores irlandeses católicos en Australia. También apareció un partido bolchevique en la monárquica España. Incluso en Estados Unidos, el bastión del capitalismo, los trabajadores finlandeses del Medio Oeste abrazaron el comunismo y adoraron a Lenin durante años. La guerra y la revolución transformaron el mundo.

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